
Nada mi Lolis. Es la rueda que gira ¡Como loca!
Necesito tu tercer ojo, amiga, tu lengua ancestral. Tus manos embrujadas acariciando 22 arcanos que bien se podrían sentar en esta mesa conmigo.
Sos un rayo de luz en mi vida. Yo estaba en un cuarto oscuro, cerrado y vos con tu amable sonrisa, tus ojos de laguna sin fin, tu piel tibia y tu voz ronca… me abriste la puerta.
Dejaste que se asome este loco poeta, lo dejaste ver destellos dorados danzando en el agua de una fuente barroca en un patio de venecitas azules.
No le abriste la puerta de calle, pero entro de tu mano a la casa de las claraboyas.
Volvió a respirar, a vivir. A latir con la poesía en las venas, a derramar la sangre en los renglones de tus hojas.
Lo acurrucaste dormido en tu regazo con olor a vainilla y canela, lo mimaste con dulzura infinita y abriendo su sexo a un nuevo amor, le mostraste que se puede amar sin sufrir, poseer sin sujetar. Hacer el amor apenas con mirar.
Le devolviste la fe, le soltaste el pelo y miles de libélulas salieron volando raudas. Su piel se acaramelo al calor de tu hogar. Le diste un cuadro renacentista y una cajita azul llena de sueños.
Quizás fue el azar amor, aunque sabes bien que no creo en él.
Aunque nuestros caminos se separaron, dejaste a mi poeta fugitivo, asomándose en la mirada, desgranándose en mis palabras.
Me lo traje bien encintado, pague exceso de equipaje y lo apreté fuerte contra mi pecho para que no se escapara.
Lo sentía agitarse a orillas del mar, querer filtrarse en la arena blanca, correr en las rías negras.
Nos encontramos muy solos los dos, en esta bahía. Creo que por eso al final, decidimos ser amigos.
Acepté sacarlo a pasear, nadar en el agua austral, trepar los cerros, plantar tréboles y hacer cortinas de caracoles.
Al principio lo llevaba de la mano, a veces lo dejaba ir un poco más lejos.
Hacia fines del año pasado apareció Andrés, totalmente enamorado del poeta, que fue lo que el conoció en Veronik. Un poeta adolescente e irreverente, capaz de darle la vuelta al mundo en una zancada. Me reencontré con mis amigas del secundario, que claro, nada mas recordaban al poeta.
Entonces lo solté, amor. Decidí que tal vez no somos dos.
Decidí que Veronik es el poeta y el poeta soy yo. Que él es mi mejor parte y si no lo es tampoco me importa demasiado, es lo que soy.
Fue después de ser libre que Veronik-poeta volvió a sentir fuerte galopar el corazón, apenas con el susurro de una voz en el teléfono, apenas con seis letras de un mensaje de amor.
Y fue que Veronik escribió de las flores y del dosel lila lleno de corazoncitos al margen.
Soy poeta. Mis comodorenses aman al poeta. Soy poeta mientras te escribo desde el club de golf, soy poeta cuando me junto con mis amigas a cenar y tirar el tarot. Soy poeta en la puerta del cole de los chicos, en la clase de Tae Bo, mientra corto verduritas para la sopa. Cuando me llama Manuel y me dice que encontró mi canción, " el tuerto y los ciegos" de SUI GENERIS, y la escucho, y me parece que me puedo morir de amor, jajaj.
Mas poeta que nunca, poeta tuyo siempre.
Porque vos creíste en el poeta. Porque lo amaste con esa delicadeza puramente femenina y madre.
Soltaste versos en su pecho, lo atormentaste en la espera de tu prosa.
Jajaja. El conflicto eterno entre el querer y el ser. Tan estúpido dilema, amor.
Ya no me importa el querer, mi sol. Prefiero ser. Y que lo demás me llegue en un suspiro del viento, así como me llegaste vos.