lunes, agosto 17, 2009

Pedro


Son miles las cosas que me lo recuerdan. Fotos, música, sensaciones, paisajes, momentos congelados. Un perfume, sabores, marcas en mi cuerpo, un tatuaje. La terquedad de Fran, el perfil de Gian.
No es tan fácil matar el amor.
Prender fuego las polaroid de mi mente. Exorcizar el fantasma de sus manos que le dieron contorno a mi cuerpo tantos años. Colgar una luna nueva en mi ventana.
Es tan seguro estar con el. Tan terriblemente simple perdonarlo, que tengo que pelear con mi dignidad para no dejarla abatirse.
Entonces a pesar de este mar inmenso que creció entre nosotros, el rema contra la corriente y no le importa lo que sabe ni lo que supone y no le interesa si otro ata sus amarras a mi puerto. El sigue remando. Me mira como antes, como si nunca lo hubiera alejado de mi. Tengo miedo de olvidarme del dolor. Y me esfuerzo por traerlo a mi mente y procurarme un poco de sufrimiento nuevo, para no perdonarlo.
Y me recorre con su mirada antigua y me abraza con los brazos de siempre. Y se lo que viene y se que si lo dejo venir no voy a dejarlo ir. Morar entre sus brazos es volver a casa.
No me imagino otro hombre capaz de tolerar mi neurosis y mi extravagancia.
Otro hombre que acepte recorrer cinco provincias con un auto mínimo y dos mochilas. Dormir a la intemperie abajo de la lluvia. Pasar una semana comiendo queso de cabra y mermelada de zapallo. Otro hombre que me acompañe a un boliche gay, que me cuide aunque me haya emborrachado con otro, que soporte mi euforia y mi inmensa melancolía. Capaz de quedarse una noche gélida sentado en la arena mirando el mar, hablando de nada con un termo y unos cuantos cigarrillos. Otro capaz de prender fuego en una playa publica porque tengo frío. Capaz de conseguir lo que se me antoje a las tres de la mañana en el medio del campo. Capaz de subirse a un caballo aunque le tenga pánico. Uno que acepte romper con sus reglas e inhibiciones simplemente porque se me ocurre.
El único que me sostuvo en el dolor mas grande, secó mis lágrimas, el que beso mis heridas, curó las suturas, conoce mis cicatrices.
No puedo imaginarme un tipo capaz de aceptar mi locura ecológica de no comer nada mas que lo que nos provee la naturaleza durante dos meses. Escarbar todos los días buscando almejas y berberechos. Pescando helado hasta las 4 de la mañana, sembrando tomates, acelga , cosechando chauchas. Revolver un compost podrido, limpiar cuatro tachos de camarones.
Un tipo que acepte mi familia y mis amigas. Que se siente entre nosotras a tomar café, tolere que me pele, que me tiña de platinado o que me vuelva fisiculturista.
Claro que no es perfecto, esta a kilómetros de serlo, pero convengamos que yo no soy el premio de fin de año.
Siento que algo se rompió, fue un ruido seco y absoluto. Se que esta vez no puedo repararlo.
Pero quien soy yo para decirle que definitivamente no podemos reciclarlo, que la botella no puede servir de florero.
No soy tan omnipotente y asumo mi espantosa vulnerabilidad y sin duda el peso de su ser en mi vida.