viernes, agosto 28, 2009

Juan























Juan renunció al trabajo. Es como la fábula del escorpión, Verónica, ninguno de nosotros puede escapar a su naturaleza. Actúa a pesar de.
Me mandó un mensaje de texto después del mediodía, una sola palabra, “renuncié”
Agarré el celular, los camel, y bajé corriendo la escalera del laburo, en la vereda, después de prenderme un cigarrillo y mientras caminaba hasta la esquina, lo llamé.
Mientras sonaba, en fracciones de segundos, se me pasaron por la cabeza millones de imágenes, muchísimos momentos difíciles transitados se aparecieron todos mezclados, respirando hondo pensé intensamente en conectarme conmigo, en capitalizar las experiencias pasadas, y deseé con toda el alma que fuera distinto
Con la voz mas calma y amorosa que podía salir de mi garganta, le dije “hola amor, recibí tu mensaje … cómo estás ?

Tengo una visión del amor y de la relación de pareja casi completamente opuesta a la tuya, Verónica. Con todo lo bueno y todo lo malo que eso significa. Construí a lo largo de estos veinte años un hogar tan hogareño que parece un templo. Y soy la diosa que lo custodia las veinticuatro horas del día. También siendo siempre honesta conmigo misma, jamás la caretee, todo lo que hice hasta acá fue lo que deseaba hacer, pero no me costó tanto, creo, me salió solo, por naturaleza. Pero quien sabe en eso está la gran traición, en no poder escapar de ser lo que somos, y pesa, a todos nos pesa. Cuando transito la cuarta semana el amor me rompe las pelotas y me dan ganas de agarrarlo como un jarrón y hacerlo mierda contra la pared. Pero no lo hago, y no lo haría, son solo algunos raptos de hartazgo y fastidio que se pasan rápido.
El amor, amiga, para mí, camina indefectiblemente acompañado de la paciencia en la mano derecha y de la generosidad en la izquierda. Y hoy tuve que agarrar más fuerte que nunca mis dos manos, para seguir caminando.
Se vienen tiempos de incertidumbre, estoy acostumbrada, pero al templo no lo derrumba nada, y menos que menos, algo de este terrenal mundo

Te quiero Verónica
(con las uñas intactas después de rasparte algunas veces)

Será que sólo vale aceptarse ?

Lola