
Mi querida Verónica, me dejaste pensando en estos vaivenes bipolares de nuestra ciclotímica circunstancia, y llegué a la conclusión que yo también me debato entre las fuerzas concéntricas que me tironean, llamémosle yo, ello y superyó, o depresión y manía, o ego y alter ego. Aunque creo que a esta altura han doblegado sus ansias de poder y conviven pacíficamente, casi siempre
Ahora que ya no soy una pendex, y que mi mirada retrospectiva tiene una especial indulgencia que me otorgo para ser optimista, veo que hace años mi querido yo se viene debatiendo entre el tremendo superyó que carga mi mochila hasta el tope, y un ello apasionado que se derrite y se entrega desbordado. Logré organizar mis tiempos físicos y también los emocionales para darle espacio a mi ser Lola al costado de mi yo, de modo que siempre anda poniendo su cuota de delirio despojado y anacrónico, mientras el tremendo mandato superyoico, ancestral, heredado e inculcado, sigue su camino para sustentar esta exigente vida de onerosos consumos.
Cuando dejaba de ser adolescente mi ello Lola se rebeló y luchó por su total autonomía, se escabullía de noche cuando sus cofrades dormían y deambulaba por los bares de Buenos Aires en busca de otros ellos vagando por ahí, presionó a mi yo de un modo tan insistente que logró que el superyó me diera latigazos para procurar un salario suficiente para mantenernos los tres en nuestro lugar único en el mundo. Así fue que a los veinte ocupaba un departamento en una torre sobre la avenidad del Libertador, a pocas cuadras de Retiro que tenía todo lo que un ello necesitaba para ser feliz, hasta chimenea en el living y baño de mármol negro
Fue mi ello Lola quien vio a Juan y sintió que era un salvador destinado hacía una eternidad a ser almas gemelas en esta vida, quizás por eso mi yo se entregó sin ningún prurito en cuerpo y alma
La misma Lola, el mismo ello, que años después veía a tu poeta y a tu Verónica desparramarse en un torrente de pelo suelto en la esquina de Salguero y Charcas, y se enamoraba perdidamente, para siempre, como ella sola sabe hacer, y también la que te busca al amanecer cuando todavía estás dormida en tu sureña morada
Dejar elegir a Lola hizo, definitivamente, que mi vida fuera mas feliz, ella sabe como nadie del amor y la entrega, aunque mi espalda duela a veces de cargar otras mochilas.
Gracias por esta esclarecedora reflexión, amiga del alma
Agradezco a nuestros ellos hacer mas intenso el transitar
Te quiero inmenso
Lola