lunes, octubre 26, 2009

La mala suerte es solamente una hipotesis que refutar...1


En general soy optimista. Mi sicologa dice que ese afán por creer que todo es mejor de lo que parece y que sobre lo malo vendra lo bueno, es simplemente un mecanismo de subsistencia que desarrolle desde chica. El no ver la gravedad real de las cosas me ayuda a seguir. Hay una realidad reconocida universalmente y existe mi realidad.
Siempre pense, que la vida que me habia tocado era genial.
Nunca prevaleci los defectos de la gente a las virtudes y en mi corazón la balanza se inclina mas hacia la gratitud que al resentimiento.
Asi el hecho de haber sido criada en mi primera infancia por mi abuela materna y no por mamá, siempre me pareció barbaro. Mamá tenía apenas 17 años cuando nací y mi abuela 54. Seguramente estaba mas preparada la mayor para hacerse cargo de un crio. De esa manera mi crianza no difiere mucho de la de aquellos que me llevan 15 o 20 años. Nuestros tutores eran contemporaneos. Pasé horas escuchando anecdotas de los carnavales y los bailes en los clubes. El tango, el chambergo, el courrege y la colonia Avant la fe. Por eso se que era la bidú Cola y que los muchachos de antes no usaban gomina, usaban Glostora. La mayoría de la gente tiene una mamá, yo tuve dos y a ambas las amo y a su manera ninguna podría haber sido mejor.
Cuando tenía cinco papa fue secuestrado por la dictadura militar. Eso me devolvio un padre ausente, desequilibrado, que necesitaba mas a sus padres que a una hija. Nunca me lamente por eso. La vida me lo devolvió, otros jamás fueron devueltos. Nadie recuerda el primer abrazo que recibió de su padre. Yo si, tenía doce años y el jamas se me había acercado. Fobia al contacto fisico que había adquirido gracias a tenazas y picanas. No se cual fué el disparador, pero me acuerdo bien que estabamos en su pieza mirando la tele y se giró, me miró y me dijo que me quería. Entonces el abrazo surgió tan espontaneo como si hubiera existido siempre. Un abrazo simple y contenido que nacía desde el centro del pecho hasta las manos. El mejor abrazo de los que recibí en mi vida. Nunca jamás, dejamos de abrazarnos. Y aprendí, gracias a eso, lo importante que es el abrazo. No los pienso ni los reprimo, sencillamente los dejo fluir.
A los once descubrí, gracias a las reiteradas visitas de un par de oficiales, que mi abuelo paterno había sido traficante de drogas. Llevaba dos años muerto y fué la primera muerte que impacto violentamente en mi alma. El con infinita ternura, había sido mi mejor amigo, en mi diminuto mundo infantil, ademas de mi mamá abuela, era la persona que con mas afán me había demostrado su cariño. Los sabados a la mañana me pasaba a buscar por casa, yo me vestía como una princesa, porque sentía que él se lo merecía. Llegaba con su taxi, un Falcon reluciente con tapizado bordó impecable. Un escudo de Boca que se bamboleaba incesantemente. Y un perro ridiculo con los colores xeneises de esos que parece que siempre estan diciendo que si. Me llevaba a La Esmeralda, un cafe en Cordoba y Bustamante donde se juntaban los tacheros. Apenas entraba yo se desacían en halagos y mi abuelo me mostraba orgulloso, me pedía un cafe con leche con medialunas y reprimiendo el lenguaje callejero y rudimentario, todos se transformaban en los enanos de Blancanienves y me contaban las historias mas locas de Monserrat, San Telmo, La Boca. Después recorriamos las iglesias mas lindas de la ciudad, sin falta, cada sabado, me acuerdo sobre todo de la de Lourdes y la gruta, que me generaba una mezcla de miedo y misticismo.
Los domingos otra vez pasaba por casa y desayunabamos juntos en la casa de él, donde ahora es Palermo Soho. Nos escapabamos mientras la abuela lavaba los trastos a la piecita del fondo y me mostrba los libros que el leia de chiquito, mucho Sandokan y Julio Verne, aventureros y corsarios. Mis fines de semana se volvieron agujeros negros cuando murió. Me sentaba los sabados en el living de casa esperando verlo entrar con su guayabera, el olor a parliament, detenida en un tiempo que nunca se acababa. Tan triste.
Saber de su ilegalidad no cambio en lo mas minimo mis sentimientos ni mis recuerdos. Descubri que las personas no somos una, sino mil y que a cada uno le entregamos una parte de nosotros mismos, a veces la mas miserable y a veces la mas maravillosa. No juzgo ni preuzgo y se que hasta el alma mas vil esconde un dedal de bondad.
Estoy infinitamente agradecida por haberlo tenido en mi vida y jamas hubiera querido que en suerte me tocara otro abuelo.

Tengo que seguir en otro post es animicamente extenuante desmantelar las piezas del rompecabezas de mi niñez. Me sigo sintiendo afortunada.
Quizas en la realidad del que lee o escucha sea muy triste la sinopsis, pero de ningunmodo fué así para mi, realidad virtual quizas. Pero mi realidad al fin.

Veronik