domingo, septiembre 28, 2008

Vértigo



Amiga, cuatro años es apenas la distancia entre dos años bisiestos, lo cuál no es o es nada, porque la forma subjetiva de sentir el paso del tiempo tiene que ver con los acontecimientos, con las situaciones, con eso que nos pasa, como dice allí, un Martes cualquiera a las 4 de la tarde. O una madrugada de primero de Enero despuntando el 2007 en la playa.

El implacable paso del tiempo se me ha vuelto vértigo desde aquél día. No puedo comprender en su esencia la unidad de medida que estandariza los parámetros universales de una hora, una semana, un mes o un año. No se estandariza para mí, la medición no me sirve, salvo para darme cuenta que ya ha pasado mucho tiempo más del que sentía física y emocionalmente que había pasado. Y la rutina me va enviando las facturas de los servicios consumidos, y eso me hace notar que otra vez se volaron los días. Y mis hijos, que de pronto me sacan una cabeza y me miran por encima del hombro con cara de fastidio por mi maternal y desubicado comentario. Y las cosas de mi casa, que se van rompiendo, y que hay que reemplazar cada vez mas velozmente.
Pero yo no, yo no puedo medir en mí las horas ni las semanas, el tiempo ha dejado de ser una medida real para mí misma. Se me escurre como arena entre los dedos, pero no lo digo con melancolía o nostalgia, no, es la verdad, se me escapa, no me doy cuenta cómo ni cuándo se pasa … Quizás porque la muerte de mi madre dejó un agujero por donde se me escurre la vida, y si esta vida es sólo una porción de medida de tiempo, el tiempo se me escurre por el mismo agujero.
Por eso, amiga del alma, querida Veronique, como bien decís, a medida que mas gira todo en este tiempo, mas noto yo también aquello que está detenido.
Y si es como creo, cuando dejemos de pertenecer a este mundo con tiempo, estaremos todos juntos en ese futuro de no tiempo.

El paso del tiempo me da vértigo, igual que la muerte.
El piso se me mueve todo el tiempo. Y tambaleo. Y me caigo a veces.

Lola

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