lunes, octubre 20, 2008

Ojala nos extrañen tambien

Maravillosas las madres que todavía en su ausencia nos arrancan lágrimas y sonrisas. Maravillosas porque a pesar del tiempo, la distancia y el espesor de la nada, nos regalan notas de su perfume que aún flota en la nariz, olores de infancia, abrazos interminables acurrucadas en una cama cucheta.
Yo este día de la madre tampoco estuve con mama, esta a 2000 km y me entristece no poder darle un abrazo y escucharla sollozar en el teléfono sin poder abrazarla.
Claro que se, y eso me consuela, que solamente es un abrazo postergado.
El dolor es mas intenso casi cruel, en este abrazo que jamas sera dado en la vida, el que Lola le guarda a la mama, el que yo guardo para mi mama-abuela.
Asumo Lola, hoy, a siete años de su muerte me gusta sufrirla, pensé que nunca iba a pasar, pero hay días que me olvido y cuando vuelve, viene como un huracán y me desarma.
Me encanta llorar a mi abuela, porque un rato lloro y otro me río, otro rato la leo y después la escucho contarme un cuento, el cuento de la buena pipa, jajaja. Ese que nunca se acaba.
Mi mama me tuvo muy chica, entonces ella se hizo cargo. Siempre sentí que tenia dos mamas, una casi una hermana y otra casi una abuela.
Extraño que me miren como me miraba, con esa ternura infinita con que solo las mamas saben hacerlo. Un halo celeste alrededor de su mirada anciana y un poder increíble para leerme el alma.
Extraño sus manos, cuando encerraba entre ellas, las mías. Extraño el ritual que con los años se volvió inverso, donde era yo la que tomaba sus manos trémulas y envejecidas y las entibiaba con las mías.
Extraño su voz, extraño sus besos, extraño ser la persona mas importante en su universo. La persona que mas quería.
Creo que nadie mas me kiere tanto ni lo hará, me entendés Lola, no?, a vos te pasa igual.
Tengo la ultima carta que me dió, siempre me escribía aunque viviéramos juntas, para mi cumple, para navidad, si me iba de viaje.
La llevo en mi cartera y viene adonde voy.
El otro día por un estúpido accidente casero se mojo.
No pensé, ni siquiera razone. Se me cerro la garganta y sentí que me moría. Las lágrimas se agolparon y empecé a llorar desconsolada, sola en la cocina, mientras trataba de recomponer la carta sobre un nylon para que se secara.
Apareció mi hijo mas grande y por un instante pensé " va a creer que estoy loca, que hago tanto lío por una cartita". A veces los hijos nos hacen sentir bastante tontas.
El se acerco, me abrazo largo, me miro con los ojos humedecidos.
Sin decir nada, me ayudo a unir las partes, se sonrió y me dijo " va a quedar barbara, ma".
Y quedo barbara, y otra vez esta en mi cartera.
Y supe que hay montones de cosas difíciles de entender, pero el amor es tan fácil.
Es tan simple entender el amor de una madre y lo que nos deja su ausencia.
Y supe que el amor que me dio mi abuela, el que le dio su madre, el que me da mama, el que le transmito día a día a Gian y a Franccesco, es siempre el mismo, nada mas cambia de dueño, es un amor que jamas muere, solamente muta y se recicla.
No importa donde estén las mamas Lola, su amor vive en nosotras y vive en nuestros hijos y vivirá en los nietos.
Para mi, siempre es lindo llorar a mi mama.

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