
Creía que el amor podía venir desde cualquier lado, no despreciaba ninguna posibilidad, no dejaba rincón sin valorar, todos los hombres podían ser el hombre que fuera mi otra mitad, lo buscaba con mi alma, aunque mi cuerpo se entretuviera por ahí con aquellos que no eran mitad pero si hermosas partes.
Me había quedado a dormir en su casa, hacía días que planeábamos ir el sábado al Tigre, la noche anterior no salimos, pero igual nos acostamos a las cuatro, hablando y hablando, como de costumbre, filosofando en quien sabe cuantos delirados pensamientos se nos vino casi el amanecer, Adela puso el despertador a las 10, nos íbamos a tomar el tren en Retiro, el Mitre, y derecho hasta Tigre. Me río hasta cuando me acuerdo ahora del tremendo bolso de Adela, repleto hasta tornarse inagarrable, metió el mate, la yerba, el azúcar, unos saquitos de edulcorante, un libro, un cuaderno con espiral, una birome roja, un lápiz, un paquetito con cuatro facturas que sobraron del día anterior, una lona rayada azul y blanca, esas de playa, un buzo cangurito gris
- Ah, llevemos, no?
- Si, dale, dónde lo pusiste ?
- En la lata, adentro del cajón
Saqué la lata, la envolví en mi buzo y la metí adentro de mi cartera, que, obviamente estaba mucho mas vacía que la de Adela, que seguía metiendo todo cuanto veía por el camino, un abrelatas, dos servilletas, un paquete de cigarrillos “gitanes” que seguro eran de su tío Alfredo, que vivía en Europa.
- Agarrá fósforos, Lola, y fijate si encontrás mas cigarrillos
- Bueno, y vamos ya
- Llevamos el equipo ?
- No, ni en pedo, estás mal, vamos, dale
La tuve que sacar a los empujones, se tildaba pensando en qué nos olvidábamos e insistía con que deliberáramos respecto al equipo de música, podíamos llevar miles de casettes … me repetía
- Basta, Adela, no vamos a llevar ese equipo, es un plomo cargar con eso en el tren, además qué ? Vas a ir escuchando música al palo cómo esos que van caminando a Luján ? No, Adela, dale, nos vamos de una vez, me hacés reír tonta, te colgás
- Sí – Adela se rió alegremente arqueando la espalda hacia atrás, dejando ver una carcajada en la panza. – Sí, me re colgué, es que nos falta el tema de la música y me quedé viendo cómo hacer.
- Cantemos y listo. Podemos ir todo el viaje cantando, si querés, vos, que cantás lindo, yo te sigo despacito.
Mientras le decía esto paraba el 101 y nos subíamos para ir a Retiro, el día estaba espectacular, Buenos Aires estaba bastante tranquila a esas horas del sábado, casi diría que trabajaba la mitad de la gente, pocos transeúntes, mas colectivos que autos, un cielo turquesa sobre la plaza San Martín, una postal de la ciudad que todos los porteños conocemos bien. En el colectivo tuvimos un comportamiento fatal, nos reímos con abiertas carcajadas de casi todo lo que pasaba alrededor, estábamos un poco alborotadas, embargadas por la emoción, lo principal era pasarla bien, reírse mucho, atreverse a todo, y encima, envalentonadas por el porro que nos habíamos fumado en el camino.
Nos gustaba muchísimo viajar en tren, para nosotras tenía aire de película, como casi todas las circunstancias que nos rodeaban, pero más, nos gustaba inventar poemas delirantes y escribir ideas sublimes sobre la raza humana guardadas para siempre en una servilleta de papel con ribete azul. Así, desparramadas orondas en ese polvoriento vagón, pasaron menos de dos minutos antes de tener en el asiento de enfrente dos pibes, pelos largos, hablando entre ellos y sacándonos la ficha.
- San Isidrenses. Como mi primo Matías
- No sabés, aunque el pelo … en buenos aires no te dejan entrar al colegio con el pelo así, me gustan. San Isidrenses serán, entonces. Nos dejarán entrar al rowing, vos crees ? Trajiste el carnet ?
- No
- No ?
- No, sinceramente, no
- Adela, te mato, trajiste el mundo entero encerrado en ese morral multicolor y no trajiste …
Me tragué las palabras en un ataque de risa, Adela con sus brazos tan largos, en un gesto por explicarme el olvido del infame carnet del club, y con la terrible mala suerte que venía pasando un hombre con su vaso gigante de café, calentito saliendo humo, lo hace volar de un manotazo por el aire para terminar cayendo como un búmerang sobre el desafortunado señor, que quedó pasmado y bañado, no se si lo aturdió mas el shock del café caliente en su camisa, o nuestros toscos intentos por limpiarlo y reparar el caos en que lo habíamos metido. Una escena de confusión y torpezas
Agotada de la risa, me tiro en el asiento del tren, estirando mis piernas y trabando la punta de mis zapatillas en el gabinete para colocarme en una posición totalmente relajada, saco un “gitane” del bolso de Adela, prendo un fósforo con literaria actitud, y fumo una pitada larguísima y riquísima, que encierra un universo de libertad a mis pocos diecisiete años de edad. Cuando abro los ojos, Adela no estaba, y el san isidrense me miraba fijo desde la silla de enfrente
- Todo bien ?
Y me guiña un ojo, en un gesto que encontré tremendamente seductor, aclarando obviamente, que tenía una fuerte tendencia a dejarme encandilar y el entorno de ese tren en ese soleadísimo sábado, en un horario tan poco habitual, tan de mañana, hicieron que rápidamente quedara sentada a lado de este morocho de ojos verdes que me cantaba bajito un tema de Serú Girán y me daba besos suavecitos. A Adela no la veía, pero la escuchaba reírse y cantar unos cuantos asientos mas adelante en el vagón.
La Lucila, Martínez, Acassuso, San Isidro, Becar, San Fernando
- Adela, eh, dale, la próxima nos tenemos que bajar
Una pierna de Adela emergió en el aire, casi tocando el compartimiento donde se colocan los bolsos, se escuchó una carcajada
- Lola, dónde vamos nosotras ?
- Al Tigre
- Pero el Tigre es grande, a qué parte van ?
Dijo el chico que estaba con ella, que ahora se había arrodillado sobre el asiento, mirando hacia atrás, donde estábamos nosotros, yo, sin contestar, buscaba en el piso el cigarrillo que se me había caído y seguía apurando a Adela para bajarnos, Ya no quería seguir camino con estos dos san isidrenses, y se le dije bajito a Adela en el oído
- Vamos Adela, cuando yo te diga nos bajamos corriendo y no paramos de correr
- Pero Lola, no …
- Hacé lo que te digo, ahora
Corrí al máximo que me daban las piernas, volteando todo el tiempo para asegurarme que Adela venía atrás, toda despatarrada y con ese bolso a la rastra, pero venía, no alcanzaba a entender lo que me decía, pero sabía que estaba puteándome, enojada por no entender que mierda estábamos haciendo. Debemos haber corrido al menos doce cuadras, entre casa antiguas, con rejas de hierro espectaculares, mi ojo todavía alcanzaba a verlas a pesar de la corrida. Ahora estábamos internadas en un barrio lindísimo, un poco parecido a San Isidro, pero mas señorial, mas elegante y pomposo.
- Paremos Adela, ya está, no vienen ni locos
- Locos ellos, no, nosotras locas, bah, vos loca. Que te pasó ? Podían venir con nosotras
- No, no quería, no se, no me dio ganas, al final, un día que venimos al Tigre las dos, a cagarnos de risa, nos íbamos a tener que bancar los pibes franeleando todo el tiempo, besitos, besitos, no se, me aburrían, eran pendejos
- Es verdad, eran pendejos
Y después de llegar a tan excelente conclusión, nos empezamos a reír de una manera exagerada, entrecerrando las piernas para contener las ganas de hacer pis, y haciendo muecas teatrales. Adela empieza a los gritos
- - Y Tigre ? Que hay ? Están durmiendo ? Es un sábado hermoso, a despertarse, vamos, a salir de las cuevas oscuras, a abrir los postigones, a calentar el café, vamos, vamos, dónde está esa alegría de vivir en el Tigre ?
- Vamos, Adela, nos van a sacar cagando, van a llamar a la policía
- Que me importa, que llamen, una anécdota mas para mis nietos
Y como si estuviéramos en el jardín de nuestra casa, Adela se puso a cantar con el mayor volumen de su voz, y mientras me gritaba que cante yo también, que le había prometido que iba a cantar y que por eso decidimos no llevar el equipo de música
Tenía razón, se lo había prometido, así que ahí nomás yo también me puse a cantar y a bailar como si fuera carnaval y el corzo anduviera por las calles
Algunas personas se reían o bailaban o cantaban mientras pasábamos, otras nos insultaban y nos decían que estábamos drogadas, nosotras estábamos felices, el sol nos pegaba de lleno en la cara, y recién eran las doce y media del mediodía.
Antes de llegar a la plaza nos paramos en la esquina a decidir nuestros planes, Adela no tuvo mejor idea, ella siempre olvida las reglas de tiempo y espacio, que desplegar la loneta rayada sobre la vereda, sentarse a preparar el mate y abrir el paquete de facturas
- Esperá, acá no, vamos allá a la placita esa y nos sentamos
- Ah, dale, acá no dá, no?
- No, no da
Tomamos unos mates y comimos medialunas, medio churro y medio sacramento, estaban buenas, más ricas que el día anterior, será que teníamos bastante hambre. Tirada boca arriba en el pasto, fumando otro “gitane” y mirando cómo el cielo azul se recortaba contra un techo de pizarra con mansardas, la vida se me hacía espectacularmente linda. Adela era la mejor compañía en días así, la miré y le sonreí
- Que bueno, no?, que vinimos al Tigre. Me encanta
- A mí también, muy divertido, muy muy
- El pibe del tren, el san isidrense, estaba bueno
- Ah, si, el mío también
- Me dio unos besos re lindos
- A mí también
- Toma, el mate
- Ah. Está bueno el mate, también
Y otra vez nos reímos furiosamente, por todo, por los pibes, los besos, y el mate en el Tigre. Mucha libertad. Para cuando nos agarró el bajón, después de correr de la mano barranca abajo del río unas cuantas cuadras, Adela tenía un pedazo de chocolate en esa bendita caja de Pandora que usaba de cartera.
Traeme de vuelta, amiga Veronique, creo que me fui al carajo
Te amo
Lola
2 comentarios:
No kiero traerte de vuelta, Lola. Si te fuiste al carajo, voy con vos.
Gracias por venir, Verónica
La verdad, te esperaba
Te amo
Lola
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