viernes, mayo 29, 2009
El poeta dormido sueña tu deseo para despertarlo una próxima mañana.
Una mañana fría, acurrucada en mi cama, con tu tibia suavidad envolviéndome el cuerpo.
Sueños de un poeta dormido. Un poeta enamorado que desgrana versos en tus labios con cada beso pendiente, cada caricia guardada.
Incontrolable Lola mía, porque el poeta es deseo, y tu deseo es suyo, otoño amarillo, viento austral, el mar lamiendo las orillas, el sol poniéndose en tu costado y amaneciendo en la planta de tus pies.
El poeta durmió en tu cama, descanso en tus brazos.
Vos Lola mía, sabes como es poseer al poeta, lo viste despojado y desnudo, abandonaste tu cuerpo a sus manos, besaste cada hendidura y protuberancia. Lo dejaste abordar tu centro y acariciarlo hasta perderte en un paroxismo de placer, y nunca cerraste los ojos. Lo miraste todo el tiempo, con las pupilas clavadas en su alma, iluminando con destellos de tu amor cada rincón oscuro de su mente.
Acariciaste tan dulcemente al poeta, mientras el te sepultaba bajo su peso, buscando tus limites, encontrando tus bordes, disfrutando de cada momento único en el que moriste brevemente en su pulso.
Raro momento para tu poeta bonita, desbordado de deseo, con el cuerpo ardiendo, las palmas abiertas, el alma al aire. Exsaltado. Rodeado de promesas de amor pero con la cama vacía.
Siempre dispuesto a abrazar tu deseo por las noches, hasta que trémulo pegado a su piel se quede dormido.
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1 comentario:
Mírame, en nada me consigo concentrar;
ando despistado, todo lo hago mal.
Soy un desastre y no sé que está pasando.
Me gustas a rabiar, yo te deseo;
me llegas a desesperar.
Es tan grande lo que siento por tí,
que tenerte no bastará.
¿Qué es esto que me invita a vivir,
que me dá la ilusión?
¿Qué será esa fuerza que a todos
nos une de dos en dos?
¿Será la fuerza del corazón?...
Hace que te abrace y
los cuerpos lleguen a estorbar.
Tiemblo sólo con la idea de rozar
tus labios llenos de besos nuevos.
No puedo dormir, robas mi tranquilidad;
alguien ha bordado tu cuerpo
con hilos de mi ansiedad.
De cinturón tuis piernas cruzadas,
en mi espalda un reloj
donde tus dedos son las agujas
y dan cuerda a este motor
que es la fuerza del corazón.
Y es la fuerza que te eleva,
que te empuja y que te llena,
que te arrastra y que te acerca a Dios.
Es un sentimiento, casi una obseción
si la fuerza es del corazón.
Es algo que te lía,
una descarga de energía
que te va quitando la razón.
Te hace tropezar, te crea confusión,
seguro que es la fuerza del corazón.
Es la fuerza que te lleva...
No puedo pensar, tendría que cuidarme más,
como, a poco, pierdo la vida
y luego me la das.
¿Qué es lo que va cegando al amante
que va por ahí de señor?
y no es más que un chiquillo
travieso, provocador.
¿Será la fuerza del corazón?
Y es la fuerza...
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